
Los cientÃficos e ingenieros garantizan a los organismos estatales de salud pública, que los productos transgénicos se logran sin alterar las cualidades beneficiosas del producto, además de que su contenido nutricional sea de mejor calidad, que se reduzca el riesgo de alergias a determinados alimentos, mejorar su metabolismo etc. Por otro lado existen multitud de opositores que ofrecen una dura resistencia a la implantación de este tipo de alimentación, que en su opinión puede ser una solución más perjudicial que beneficiosa.
En varios paÃses del mundo han surgido grupos opuestos a los organismos genéticamente modificados, formados principalmente por ecologistas, asociaciones de derechos del consumidor, algunos cientÃficos y polÃticos, los cuales exigen la etiquetaje de estos, por sus preocupaciones sobre seguridad alimenticia, impactos ambientales, creencias religiosas, cambios culturales y dependencias económicas. Llaman a evitar este tipo de alimentos, cuya producción involucrarÃa -en su opinión- daños ambientales y sociales.
Principalmente se basan en supuestas amenazas para la salud como la resistencia a los antibióticos, ya que muchas plantas transgénicas contienen un gen de resistencia a los antibióticos. Este gen se utiliza como una marca de la secuencia genética introducida, que permite verificar qué porcentaje de la manipulación genética ha funcionado y cuanto ha fallado.
También se basan en eventuales nuevas alergias, ya que la mayorÃa de los alimentos transgénicos, contienen genes de virus, bacterias, mariposas e incluso escorpiones.[3] Estos elementos extraños en la dieta de una persona podrÃan aumentar los riesgos de presentar nuevas alergias, principalmente en los niños y bebes.
Advierten también amenazas al medio ambiente, ya que los expertos en genética al no garantizar sobre los efectos ambientales, no podrÃan prever las consecuencias a largo plazo de la introducción de nuevos genes en el medio ambiente, y habrÃan riegos intensificados como la contaminación genética (es decir, la transformación de los cultivos convencionales -no transgénicos- en transgénicos mediante la polinización cruzada, la aparición de supermalezas por la presencia de genes que les otorgan ventajas comparativas, la amenaza a los centros de biodiversidad agrÃcola mediante el traspaso de genes, la creación de nuevos virus que podrÃan generar o intensificar enfermedades en las plantas y los posibles en los ecosistemas y otras especies.
Y es que los productos transgénicos, si bien son más controlados que otros alimentos, no sometidos a controles tan severos como otros productos de laboratorio, como por ejemplo los farmaceuticos - a pesar de que son consumidos por humanos y animales.
Otro importante argumento en contra de los alimentos transgénicos es que suelen estar ligados a costos de uso. La compañÃa que desarrolló su código genético suele reclamar de los productores, importadores etc. En este respecto, cuando una planta transgénica desplaza por su resistencia biológica a la semilla natural gratuita, es fácil que se forme un monopolio y una dependencia económica. De esta manera, los detractores de los alimentos transgénicos atribuyen a sus defensores una finalidad casi siempre económica.
A esto debemos agregar una investigación llevada a cabo hace unos años en Francia por un grupo de cientificos liderados por Robert Bellé. Quienes llegaron al descubrimiento que el Glifosato provoca las primeras etapas del cancer. Los resultados de dicha investigacion, que duro desde 1998, fueron publicados en el 2004 en la revista cientÃfica internacional Toxicologial Sciences No. 82.
Defensores
Los defensores de este tipo de alimentos afirman que tras más de 20 años en el mercado, los transgénicos aprobados y comercializados no han causado ni una sola muerte ni han provocado una sola alergia en humanos, por lo que supondrÃa evidencia que los ataques a los mismos por parte de sus detractores carecen de base cientÃfica, atribuyéndoles por tanto una finalidad casi siempre polÃtica.
Además, los transgénicos, gracias a su mayor resistencia a sequÃas, plagas, patógenos, salinidad, etc., tienen un Ãndice de producción de alimentos por hectárea bastante mayor al de los cultivos “tradicionales”, mucho más vulnerables a las condiciones ambientales, por lo que si fueran legalizados en todos los paÃses deberÃan contribuir a un descenso significativo en el precio de los alimentos, además de paliar gran parte del hambre en el mundo.
Fuente: Wikipedia
